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“El juego en los niños es fundamental para su desarrollo”

 

Susana Mezquida, pedagoga especializada en aprendizaje y pedagogía infantil, nos habla sobre la importancia del juego para el desarrollo del niño, así como los juguetes preferidos por los niños actualmente. 

 

TodoPapás: ¿Por qué el juego es tan importante para el desarrollo de los más pequeños?


Susana Mezquida: El juego en los niños es fundamental para su desarrollo. Los más pequeños de entre 0 y 2 años necesitan moverse. Según Piaget están en el estadio sensoriomotor y su juego predominantemente es de ejercicio ya que estos movimientos favorecen su desarrollo psicomotor. El juego de suelo incrementará la estimulación motora, visual y sensorial.


Reptar, arrastrarse, gatear, balancearse, son hitos del desarrollo que harán madurar el sistema nervioso central; a nivel sensorial el niño sentirá los objetos que le rodean, con sus manos, con la boca; y todos estos juegos de ejercicios ayudan a madurar la coordinación de movimientos, su equilibrio estático y dinámico y la coordinación oculo-manual. También realizará juego interactivo con las personas de su entorno a través de los gestos, el llanto, la risa y sus primeros sonidos del lenguaje oral.


Si hablamos de niños de entre 2 a 6 años, se incorpora el juego simbólico, entran las emociones y el lenguaje en su juego, por lo que les ayuda a gestionar y a comprender lo que les ocurre en su entorno a través de la repetición de lo que ven, o a partir de sus propias vivencias, así como a desarrollar y amplíar su vocabulario. Esta etapa de juego es básico para adquirir un buen autoconcepto, confianza en sí mismos, desarrollar la creatividad y dejar volar la imaginación

El juego y los niños

 

El juego es un hecho fundamental para el desarrollo del niño. Además de divertirse y socializarse mediante esta actividad, aprende a expresar libremente sus sentimientos, potencia sus capacidades sensoriales y el entendimiento de su propio cuerpo.

 


TPP: ¿Cuáles son los juguetes preferidos de los niños y niñas españolas? ¿Hay muchas diferencias entre ellos?

 


SM: Según el estudio reciente llevado a cabo por Barbie y Mattel, las niñas españolas dedican su tiempo principalmente a jugar con las muñecas (31%), seguidas por los videojuegos (23%), los juegos en el exterior (21%), los juegos de construcción y los juegos de mesa (10% respectivamente), y por último están las figuras de acción (5%).


No tengo datos con respecto a los niños, pero por mi experiencia creo que entre muñecos, juegos de construcción, figuras de acción, coches y videojuegos están los primeros puestos, desgraciadamente salir al exterior también quedaría en un lugar inferior a lo que sería recomendable.


TPP: ¿Cómo es el juego de los niños actualmente? ¿Ha cambiado mucho en los últimos años?


SM: Sí creo que ha cambiado mucho. Los bebés pasan mucho tiempo en sillitas, tumbonas y parquecitos en la guardería y en casa, no están suficientemente en el suelo moviéndose y jugando libremente, algo fundamental para su desarrollo. Lo ideal es ponerles encima de una manta o alfombra con juguetes, estímulos visuales, táctiles y sonoros.


Cuando comienzan el cole en Educación Infantil juegan menos que antes, hay que hacer fichas, están sentados en sillas y poco en el suelo. Y en el tiempo familiar van menos al parque y disponen de menos tiempo libre y juego no dirigido.


Esto supone que su imaginación y creatividad la dejan para los huecos que les quedan, a veces en lugares tan variopintos como el rato del baño, de la comida o en los trayectos en coche.

Es frecuente que los padres me comenten en la consulta que se desesperan con sus hijos porque tardan mucho en estas tareas como comer y bañarse. Muchas veces lo que ocurre es que los adultos vamos con la agenda muy apretada, los niños no tienen tiempo para ellos, para jugar o no hacer nada, llevan todo el día sentados y dirigidos en absolutamente todo lo que hacen.


Su tiempo de juego no debe ser ponerle un vídeo o dejarle la consola, es mejor jugar juntos, o darle tiempo para que juegue con juguetes, o que no haga nada y su curiosidad le guíe. Además, salir diariamente una hora al parque sería lo ideal.

 

TPP: ¿Cuánto tiempo debe jugar un niño al día? ¿Se cumplen esas recomendaciones en España?


SM: Parece ser, según un estudio realizado entre padres de niños de entre uno y nueve años, que, aunque los padres saben que jugar con juguetes es muy importante para sus hijos, no encuentran el tiempo diariamente para hacerlo.


El jugar con juguetes despierta la curiosidad, desarrolla la atención sostenida y selectiva, mejora la concentración, las habilidades inter e intra personales, el desarrollo de la creatividad, la gestión de las emociones y el lenguaje. Aun así, consideramos que el tiempo de jugar con juguetes es lo último de su lista de actividades.


Asimismo, un estudio publicado por la Universidad de Loughborough ha demostrado que los niños de entre cuatro y siete años llegan a la escuela sin estar preparados para aprender debido a un inmaduro desarrollo psicomotor. Han llegado a la conclusión de que los niños se mueven mucho menos que antes.


Los niños deben tener más tiempo sin obligaciones al salir del colegio y, según mi opinión, en el horario escolar también se debería incorporar mucho más el juego como herramienta de aprendizaje y reducir las tareas para casa o eliminarlas hasta cierta edad.

Conocemos la experiencia de otros países donde los niños hasta los seis o siete años no aprenden a leer y hasta los doce años no se llevan trabajo a casa, es decir, juegan más y tienen más tiempo, y estos mismos datos concluyen que son jóvenes más lectores que en España.

 

 

 

 

https://www.actualidadenpsicologia.com/gateo-fracaso-escolar/

 

 

Cómo el gateo se relaciona con el fracaso escolar

Ya sabemos que gatear es importante, pero ¿por qué puede relacionarse con el fracaso escolar?

Todavía hoy en día nos encontramos escenas como la que me ocurrió en un pueblo de la costa, una mujer paseaba con un niño que no tendría más de 9-10 meses, y cogiéndolo por las manitas lo ponía de pie, el niño flexionaba las rodillas y se quedaba colgando, esperando a que lo volvieran a dejar sentadito, la mujer con toda su buena intención le hablaba en voz alta: -“Venga…vamos….que mira que eres vago ehhh, tu hermano a tu edad corría y tu aún empeñado en ir por el suelo…¡Con lo mayorcito que eres ya!”-

 

Y es verdad que cuando se trata de nuestro hijo, nos entra a las madres y padres una especie de prisa extraña por verles pasar etapas lo antes posible, por ejemplo, que se pueda sentar, y los sentamos sin que puedan, o camine, y les ponemos a caminar, aunque no puedan… como si no fueran a hacerlo nunca por sí mismos, y se nos fueran a quedar por el suelo gateando hasta los 20.

Esto ocurre con más intensidad con el aprendizaje de la lectura, ahí sí que nos entra verdadero pánico…-“¡A ver si no va a aprender a leer, que todos los demás están ya leyendo y el mío que no junta una letra con otra!”- Mamas… todos aprenden, unos antes, otros después, pero si presionas demasiado pronto, probablemente lo odiará.

 

Pero son miedos lógicos, deseo que nuestros hijos resuelvan, sean uno más, no se queden atrás… porque cuando somos padres no nos dan un manual donde ponga qué son los Hitos del Desarrollo Motor y por qué razón hay que dejar que vayan progresivamente sucediéndose a su debido tiempo, y sobre todo que cada ser vivo lleva un ritmo inherente.

La función del gateo en el desarrollo

Gatear y el desarrollo intelectual, emocional y motor, van de la mano, porque cuando llega el gateo, previamente el bebé aprende a darse la vuelta en la cuna, se arrastra y una vez que todas las conexiones neuronales están maduras para ello, el tono muscular es el apropiado y su curiosidad de desplazarse acuciante, aprenderá a gatear.

Gateando se realiza lo que llamamos el patrón cruzadose establecen conexiones interhemisféricas, es decir utilizan una mano y pierna contraria y eso fomenta que madure el cableado cerebral entre los dos hemisferios.

Lo que permite más adelante que un lado y otro del cuerpo funcionen con total fluidez y el aprendizaje de la lecto-escritura no suponga un problema.

El gateo fomenta la coordinación ojo-manola percepción visual y espacial, la integración de la conciencia corporal del niño; Dónde están sus manos, pies, su cuerpo con respecto a los objetos que le rodean, si tiene maduras estas conexiones, podrá trasladarlo al papel y no tendrá problemas para situar sus dibujos o letras con un cierto orden en el espacio de papel.

El gateo aumenta el tono muscular del cuello y los brazos, es muy importante para la estimulación visual, propioceptiva, vestibular, todo ello madura las conexiones con los ganglios basales, encargados de la inhibición del movimiento y así cuando más adelante le pidamos que esté sentadito en una clase durante horas, sea capaz de conseguirlo.

La cantidad de conexiones neuronales que están relacionadas con su proceso madurativo e implicadas en estos movimientos son enormes y afectan también al desarrollo de las funciones ejecutivas superiores.

El gateo consolida las bases de una lateralización manual, visual, auditiva y podal. Ayuda a adquirir las destrezas visuales necesarias para el aprendizaje como la focalización, convergencia, campo visual.

 

El gateo: un paso de gigante para el desarrollo del bebé

Todo esto nos lleva a concluir que hay que dejar que el bebé vaya a su ritmo, alcanzará los Hitos del Desarrollo según su propio patrón de movimiento innato, de forma natural, por supuesto podemos estimularle, pero respetando sus tiempos.

Si tu hijo no ha gateado o lo hizo durante muy poco tiempo y observas que hay aprendizajes que le cuesta llevar a cabo, podemos ayudarle madurando conexiones cerebrales, que aumentarán y facilitarán sus habilidades, en lugar de forzarle y presionarle para que haga cosas para las que muy probablemente en este momento, no está preparado.

Se encontrará entre la necesidad de complacerte y la incapacidad de hacerlo, todo ello le puede llevar al bucle de frustración y rechazo a aprender, la bola de nieve en la que la sensación de “no poder” se instala, la motivación baja, la sensación de frustración aumenta, la comparación con los otros baja su autoestima y acaba posicionándose en el “todo me da igual” para dejar de sentirse vulnerable al fracaso y la decepción de sus padres.

 

 

 

 

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